"La cocina de Paqui", "El Sibarita de Alcorcón", "Ciencia en mi cocina", "Una loca aburrida que critica todo lo que prueba", "Ex-presidente del club de tenis de Fuengirola que ahora ha descubierto que puede sacarle partido a su paladar"... estos son algunos de los nombres de blogs, facebooks o personas inventados (aunque con alguna leve referencia a la realidad) que nos comen el cerebro diariamente. Seres del mundo, la cocina es un arte, y hay que estudiar mucho y trabajar aun más para ser capaz, si quiera, de opinar.
Se permite que sobre cocina pueda hablar cualquiera y yo ya estoy harta. Me parece perfecto que lo tengáis como hobbie, pero no oséis compararos con maestros de la profesión y, mucho menos, hagáis la bestialidad de opinar sobre su obra. Porque no entendéis nada, no sabéis nada. Yo no hago un blog de política, ni de fútbol, ni de buenas (o malas) nuevas, así que: zapatero, a tus zapatos.
Y es que habéis creado toda una red. Sois como piojos que no paran de salir. Todos tenemos aficiones, pero no os podéis creer a la altura de profesionales que nos hemos reventado los pies, la espalda, las manos y la mente por nuestro oficio. Cocinad, eso es precioso, pero no juguéis con nuestra vida. Para nosotros es mucho más que un trabajo.
Sospecho que no tengo corazón, ni pulmones, sino ramas de albahaca y botes de especias.
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
martes, 17 de abril de 2012
sábado, 17 de abril de 2010
La comida absorbe energía
La comida absorbe energía. He estado en muchas cocinas, he tenido muchos compañeros y, en la mayoría de los casos, se comete un error. La cocina es belleza, sólo busca satisfacer y complacer, ya no es sólo cubrir una necesidad y, por ello, algunas personas ya la llaman “arte”. Pero aún hay muchas cocinas que, aunque se llenan la boca hablando de su buena calidad y su buena gastronomía, siguen sin respetar los productos y sin respetar las manos que los transforman. Dirigir una cocina no es más que cuidar el producto y respetarlo, y cuidar tu equipo como si fuera tu familia. Hablando con ellos, no gritando, siendo humilde y nunca olvidando que nadie lo sabe todo y que, incluso alguien que aparentemente no sabe nada, puede compartir contigo algo maravilloso que, si no le hubieras prestado atención, nunca hubieras aprendido. Señores, trabajamos una media de 10 horas diarias, ¿seguro que no nos podemos sentar para pelar patatas? ¿Es que sentado se trabaja más lento? ¿Debemos seguir trabajando aunque tengamos fiebre? ¿Es eso humano?
¿Realmente eso es cocina o es simplemente dinero? Escribo esto porque me da vergüenza. Me avergüenzo de esos “cocineros” que no ayudan, sino que dicen “déjalo que sufra” mientras su compañero monta nata y empiezan a dolerle los brazos. No somos soldados, somos amantes de nuestra profesión.
La energía de mis platos es positiva y me negaré siempre a tener que hacerla oscura, esa incluso debe sentar mal.
¿Realmente eso es cocina o es simplemente dinero? Escribo esto porque me da vergüenza. Me avergüenzo de esos “cocineros” que no ayudan, sino que dicen “déjalo que sufra” mientras su compañero monta nata y empiezan a dolerle los brazos. No somos soldados, somos amantes de nuestra profesión.
La energía de mis platos es positiva y me negaré siempre a tener que hacerla oscura, esa incluso debe sentar mal.
martes, 30 de marzo de 2010
Mi visión de la realidad gastronómica de este país
Hoy escribo porque creo que se está olvidando que la cocina pertenece al pueblo.
La cocina es un libro lleno de ideas, de creatividad y de personalidad, es un cuaderno de historia que se puede comer y, desgraciadamente, eso se está perdiendo.
El cocinero está empezando a ser una figura de marketing, el medio por el cual se publicita y se obtienen beneficios ¿y las recetas? ¿y el producto? La realidad es que la cocina de autor ha dejado de ser cocina y ha empezado a ser un engaño, un negocio.
Todos conocemos a Martín Berasategui, por ejemplo, pero ¿alguien podría decirme qué cocina; cuál es su especialidad? Sin embargo todos reconocemos su cara y su firma de salir en los medios o de regalar una cubertería en algún banco. Todos sabemos también quién es Ferrán Adriá, pero seamos realistas, es famoso sobre todo porque vende y vende su cara por la televisión, por los periódicos y revistas, porque paga a Matt Groening (creador de Los Simpsons) para que le haga una caricatura amarilla para vender mejor su último libro. Ferrán no es cocina, es una imagen, como la de Nike o Adidas. Realmente a nadie le importa si las zapatillas Nike son buenas o no, o si están fabricadas legalmente, pero todo el mundo quiere tener unas. Recuerdo que hace unos años, en el programa Lo + Plus le pidieron hacer una tortilla francesa y se negó, pero sí que supo hacer una espuma de café que no es más que meter nata y café en un sifón (un aparato que ya existía mucho antes que su fama). A eso me refiero. Las escuelas de hostelería no enseñan la base y la historia de nuestra gastronomía, sino a combinar sabores sin sentido para llamar la atención. Estos cocineros "estrella" deberían luchar por mejorar la situación laboral de los cocineros de este país en vez de explotarlos en sus restaurantes, deberían luchar para que no se perdiese la maravillosa historia de la cocina y, en cambio, lo único que hacen es engordar sus bolsillos convirtiéndose en imagen de supermercados o de repostería industrial.
Qué pena... me siento verdaderamente triste porque yo soy cocinera y lo seré siempre, y me da un vuelco el corazón al saber que el cocinero más famoso de este país escribió el prólogo de un libro de historia de la cocina en el que había más de un fallo del estilo de confundir a Bartolomeo Scappi con Bartolomeo Sacchi, o al saber que sus restaurantes se abastecen de miles de profesionales que trabajan sin cobrar y sin más que un contrato verbal con sus escuelas de hostelería.
La cocina es un libro lleno de ideas, de creatividad y de personalidad, es un cuaderno de historia que se puede comer y, desgraciadamente, eso se está perdiendo.
El cocinero está empezando a ser una figura de marketing, el medio por el cual se publicita y se obtienen beneficios ¿y las recetas? ¿y el producto? La realidad es que la cocina de autor ha dejado de ser cocina y ha empezado a ser un engaño, un negocio.
Todos conocemos a Martín Berasategui, por ejemplo, pero ¿alguien podría decirme qué cocina; cuál es su especialidad? Sin embargo todos reconocemos su cara y su firma de salir en los medios o de regalar una cubertería en algún banco. Todos sabemos también quién es Ferrán Adriá, pero seamos realistas, es famoso sobre todo porque vende y vende su cara por la televisión, por los periódicos y revistas, porque paga a Matt Groening (creador de Los Simpsons) para que le haga una caricatura amarilla para vender mejor su último libro. Ferrán no es cocina, es una imagen, como la de Nike o Adidas. Realmente a nadie le importa si las zapatillas Nike son buenas o no, o si están fabricadas legalmente, pero todo el mundo quiere tener unas. Recuerdo que hace unos años, en el programa Lo + Plus le pidieron hacer una tortilla francesa y se negó, pero sí que supo hacer una espuma de café que no es más que meter nata y café en un sifón (un aparato que ya existía mucho antes que su fama). A eso me refiero. Las escuelas de hostelería no enseñan la base y la historia de nuestra gastronomía, sino a combinar sabores sin sentido para llamar la atención. Estos cocineros "estrella" deberían luchar por mejorar la situación laboral de los cocineros de este país en vez de explotarlos en sus restaurantes, deberían luchar para que no se perdiese la maravillosa historia de la cocina y, en cambio, lo único que hacen es engordar sus bolsillos convirtiéndose en imagen de supermercados o de repostería industrial.
Qué pena... me siento verdaderamente triste porque yo soy cocinera y lo seré siempre, y me da un vuelco el corazón al saber que el cocinero más famoso de este país escribió el prólogo de un libro de historia de la cocina en el que había más de un fallo del estilo de confundir a Bartolomeo Scappi con Bartolomeo Sacchi, o al saber que sus restaurantes se abastecen de miles de profesionales que trabajan sin cobrar y sin más que un contrato verbal con sus escuelas de hostelería.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)